Por: John Fredy Morales Carmona

Desde varias décadas atrás, muchas de las comunidades y territorios de nuestra Iglesia particular de Medellín han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias inhumanas de la violencia estructural; no hay barrio ni comuna que sean ajenos a las diferentes manifestaciones de la violencia; todos sin duda, hemos sido testigos directos de hechos de injusticia perpetrados por el ser humano.

Es más preocupante aún observar cómo algunas comunidades que han vivido por tanto tiempo en entornos de violencia, pueden llegar a caer en la “aceptación” de estos hechos en su vida, a tal punto de acostumbrarse a ello y verlos como parte natural de su cotidianidad; olvidando así, que es la paz el sueño de Dios para con toda la creación; un proyecto de Dios inspirado en la alegría del Evangelio para la humanidad.

A propósito de los crecientes hechos de violencia y las alteraciones en el orden público que se han venido presentando en algunos barrios específicos de las comunas 7 (Robledo), 13 (San Javier), 16 (Belén Altavista – Zafra) y 70 (Corregimiento de Altavista) de Medellín, la Arquidiócesis de Medellín a través de la Pastoral Social, realiza presencia permanente con su equipo de trabajo, acompañando  a los párrocos y a sus comunidades, mantiene con mayor fuerza su misión de trabajar por la promoción de una cultura cristiana de la paz, brindando acompañamiento integral a las personas en estos territorios vulnerados, buscando la reconstrucción del tejido social.

Sin duda alguna los adolescentes y jóvenes son uno de los grupos poblacionales más afectados por el conflicto y la violencia urbana. Es por ello que la Pastoral Social Arquidiocesana, a través del programa Escuelas de Vida Juveniles acompaña a esta población promoviendo la re-significación de sus proyectos de vida, guiándolos espiritualmente a través de procesos personales de perdón y reconciliación e implementando estrategias de integración, que permiten la generación de un ambiente de sana convivencia entre sus familias y comunidades a las que pertenecen, fomentando su capacidad de liderazgo social, además, brindándoles procesos de capacitación en artes y oficios que sean de su interés, bien sea para que se vinculen a la oferta educativa y laboral existente o para que desarrollen alternativas de negocio propio.

Si bien es claro que la realización de esta labor se ve afectada cuando se altera el orden público en los barrios, debido a los riesgos de seguridad que corren las vidas de los agentes de la Pastoral Social y de la comunidad misma, también es cierto que resulta necesario fortalecer en las parroquias programas pastorales orientados a la evangelización de lo social, a través de: 1) Una labor de Iglesia articulada y con buenos canales de comunicación. 2) Una lectura constante de la realidad y del contexto de los barrios. 4) La promoción de acciones y procesos que fomentan la cultura del perdón, la reconciliación y la paz. 5) Una actitud de diálogo y escucha activa con actores involucrados en el conflicto urbano, exhortándolos permanentemente a la realización de gestos de paz y 6) La participación activa en espacios de ciudad a los que la institucionalidad, las organizaciones sociales o la comunidad convoquen con el propósito siempre de trabajar juntos por el don de la paz.