¿La reconciliación si será posible?

Pbro. Fabián Emilio Ortega Jiménez (Delegado Arzobispal para la Vida, la Justicia y la Paz)

En el diario vivir escuchamos en la ciudad, en el campo y en todos los rincones donde habitamos, quejidos y gritos causados por una ofensa que afectan nuestro sentido de: vida, seguridad y sociabilidad. Entonces viene la pregunta: ¿Si es posible vivir, dónde “Caín ” está suelto, haciendo de las suyas?.  Y seguramente habrá respuesta de todos los lados. Pero nosotros los cristianos qué respuesta daremos? Los invito a que reflexionemos los elementos necesarios para lograr una posible reconciliación y para eso es urgente que conozcamos los fundamentos que conllevan a una reconciliación.

Es importante conocer que reconciliación viene del latín reconciliare, que se forma con el prefijo re- y el verbo conciliare, vinculado al sustantivo concilium (asamblea, reunión, union), esto traduce que la reconciliación es hacer volver a alguien a la comunidad, a la unión, a volver a caminar juntos.

Pero para lograr este gran propósito, necesitamos educar en la verdad y en la justicia restaurativa. Y lo lograremos propiciando espacios entre la víctima, el victimario y la comunidad, y juntos, repito, juntos , debemos lograr reconstruir con nuevas narrativas lo sucedido y para eso nos valemos de hacer memoria del pasado “hago memoria con la verdad “, es decir contar desde las entrañas las cosas cómo sucedieron proyectando el futuro algo mejor, donde exista sanación y reparación “mirando con ojos nuevos “.

Esta verdad debe esclarecer lo que sucedió (lógica de los hechos , contexto), luego nos toca hacer reflexión de porque sucedió?(lógica del sentido) Y por último juntos miraremos que hacer(lógica de la existencia). Para vivir esta verdad proponemos que la hagamos desde la verdad del Amor y del cuidado recíproco. Pues es la verdad la única que nos libera, es la que nos quita la opresión que llevamos de una ofensa que nos ahoga. Y la verdad del amor da como efecto una verdad liberadora, que es diferente a una verdad de ira, odio y venganza que es la que muchas personas siente y desean. Aceptemos la invitación del apóstol: “Por encima de todo esto, revistanse del amor, que es el vínculo de la perfección “(Col.3,14).

Nosotros los cristianos debemos optar libremente por la verdad evangélica, que es en definitiva la verdad del amor, donde ofensor, ofendido y comunidad, salen todos  transformados, es decir, criaturas nuevas.

Además en este camino de la reconciliación es prioridad ser conscientes que la impunidad nunca conduce a la reconciliación, sino a la repetición continua de la ofensa.  Por eso exigimos la responsabilidad a los culpables. Pero es sólo una parte de la justicia.

Más allá de la justicia punitiva que castiga.  Hay una justicia restaurativa que repara y restituye por el mal hecho, que tiene como propósito alcanzar la misericordia de Dios, recomponer la relación de los hombres con su proyecto Divino y hacer efectiva el amor misericordioso hacia los hermanos; a través de la restauración de los daños causados en las víctimas, los victimarios y las comunidades.

Los fines de la justicia restaurativa busca que las víctimas trasciendan las rabias y su impotencia, que los ofensores se reintegren a la sociedad y que la comunidad permita el reconocimiento público de lo sucedido a fin de facilitar la reparación integral.

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